Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº15: Scruffy Murphy’s

No sé si fue la lluvia o la ausencia de varios de los pilares básicos (Espáriz & Rodríguez) o, por qué no, incluso la también falta de otros acompañantes de excepción (Escobar, Papote, Chuchi, Rubén…), pero la noche comenzó algo apagada. El cielo gris y la lluvia insistente tampoco ayudaba.

Nos presentamos a la par los ex-averno con Del Rosal en el Scruffy Murphy’s. De las Barras llegó más tarde. El pub, escondido en la calle de la Palma 47, tiene a primera vista una pinta extraordinaria. Especialmente en lo que a decoración se refiere. Incluso puede parecer en ciertas zonas que se excede. Un barroco irlandés en toda regla.

La distribución es sencilla. Una barra alargada, paralela a la cual se circula y a los extremos dos espacios tranquilos, recogidos que siempre gusta encontrar en los pub irlandeses. Además, tiene una planta baja por la que se llega a los lavabos y que se completa con otra sala (apagada y medio cerrada el lunes por la noche) que amplía aún más el espacio para los bebedores del mundo.

Por ese lado, nota positiva. Pero es de suspenso gordo la forma horrible de servir la Guinness. Hay ciertas cosas, que ya hemos apuntado, que deben seguir un catecismo especial y servir correctamente las pintas es una de ellas. Con decir que la segunda que pedimos fue de Murphy (o algo parecido) se explica todo. La música tampoco es que fuera sacada de un bar de Dublín, pero no es la peor que nos hemos encontrado por ahí.

El camarero era majete, pero estaba encelado con su ordenador portátil y su facebook y quizás debería haberse preocupado algo más en servir correctamente las pintas.

Obviamente, y a pesar de ser lunes, había fútbol en la tele (algo imprescindible en un bar irlandés… deporte en la TV). El precio, otro punto sustancial, fue excesivo. Quizás justificable por el lugar en que nos situábamos (plena Malasaña), pero demasiado caro. Hemos estado en pub igual o más céntricos y los precios fueron mucho más asequibles (por ejemplo, The James Joyce).

Y una foto que nunca está de más. Empieza a convertirse en un clasicazo:

Después de haber olfateado, degustado, visto y sentido el 15 decidimos salir a la lluvia (como Manolo García) e ir al Estocolmo, un lugar en que el Míkel no dudó en zamparse una hamburguesa. Pensábamos acompañarle, pero vistos los precios optamos por acudir al centro de las operaciones habituales: Padrao. El bocadillo (barra entera) que nos comimos un servidor & Ortigoza fue de los que uno tarda en digerir, asentar y enviar por correo urgente a las alcantarillas de la ciudad una semana. Espectacular.

Jamoncito por aquí, cervecita por allí, chistes por acá y a las 00:00 tomamos la decisión de comportarnos como buenos cristianos e irnos. Era lunes y había que seguir madrugando bastantes días hasta llegar al finde.

No me canso ni creo que me canse nunca de decirlo: Padrao es único.

Para terminar destacar el penosísimo espectáculo ofrecido por el Sr. de las Barras. El caballero, que está empeñado en demostrarle al mundo que es el tipo más trabajador de España (ojo, que curra de 8 a 3) bostezaba, se caía, cerraba los ojos, gruñía, protestaba y sólo pensaba en ir a la cama a dormir. Decimos de Rodríguez, pero la realidad es que aquí el caballero está para el arrastre. Camilo tenía que levantarse a las 5 y ahí estaba dándolo todo. No quiero verter acusaciones demasiado gruesas o ser injusto, pero lanzo la pregunta y espero que los acompañantes al 15 la respondan: ¿está el Míkel acabado?

Sin más, dejar constancia de que el 15 tuvo cosas positivas, pero desde luego pienso que no ocupara plaza en el top ten de este macro-recorrido.

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24 febrero, 2010 Posted by | Irlanda en Madrid | , , , , , , , | 4 comentarios