Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº30: The Thirty Three Irish Tavern

El nombre inducía a pensar que esta elección sería la número 33. Pues no. Nosotros somos así. El 30, un número redondo. Porque, señores, el pub se lo merecía. Muy buenas sensaciones las que dejó el lugar.

El pub es enorme. Grandísimo. Pero no da tanta sensación de agobio al entrar como pueden dar otros de su tamaño. Tiene muchos espacios bien diferenciados y casi 3 plantas (sin casi). Según se entra se tiene la posibilidad de ir a la izquierda donde hay unas mesas pequeñas y que podría destacarse como la zona pensada más claramente para cenar. Pantalla gigante inclusive. A la derecha otra parte, como haciendo esquina (justo donde estuvimos viendo el Italia-Paraguay). Después puedes subir escaleras y llegar a la zona que rodea la barra (obviamente de tamaño considerable) donde hay otras mesas, algunas apartadas. Lo que se intenta transmitir es que hay mucho para elegir.

Ahora bien, para mí lo mejor es la parte de abajo. Otras escaleras te llevan directamente a la parte inferior del local. Es una zona amplia, pero con un toque acogedor fantástico. Tiene su propia barra, una pantalla gigante enfrente e incluso una mesa de billar. Parece el típico «Reservado» que podemos ver en más de una ocasión en ciertos bares. Imaginarse con tu grupo de amigos viendo un partido, pidiendo cervezas ahí al lado (por lo tanto evitando el peñazo que supone tener que desplazarse arriba con lo que conlleva subir las escaleras cuando uno está a gusto con su torrija en su mesa… Así a vuela pluma recuerdo que el O´Connors, por ejemplo, falla en eso) sin que nadie te moleste —puesto que estás bastante aislado de lo que pasa arriba— es un punto que suena genial.

Es un bar con irlandidad de un nivel más que aceptable. Buena decoración con típica maderita, merchandising cotidiano de Guinness, cuadros, imágenes (de Irlanda, claro; recuerdo una preciosa en blanco y negro de un barco en un muelle irlandés descargando cajas de whisky) y una música adecuada. No se esperen a Bisbal ni basura similar. Música de las Islas Británicas.

No pedimos cerveza negra, por lo que por ahí no podríamos opinar, pero sí unas rubias a un precio justo (3’60€). El punto negativo se da en que no tienen cocina caliente (así nos lo dijo un tío) y ofrecen tostas y cosas por el estilo. Quizás la típica hamburguesa fastuosa (como la de The James Joyce) se echa en falta en momentos de hambruna borracheril.

El trato fue muy bueno. Un camarero complaciente nos sirvió de manera rauda cada vez e incluso nos tiró una foto agachándose él. Es deir, no fue la típica situación en que el tío para salir del paso apunta y dispara sin importarle lo que salga. El tío puso rodilla en tierra (madera) y sacó una instantánea perfecta del momento.

Como se ve en la foto, por diversas causas hubo varias bajas en la convocatoria, pero cumplimos lo mínimo exigido. La conversación versó acerca del Mundial (lógico). De hecho fuimos de un estricto casi teutón: fue pitar el árbitro e irnos. Nuestra idea era ver el debut del campeón del mundo a gusto y así lo hicimos. Enhorabuena, The Thirty Three, ha sido un placer conocerte. Y catarte.

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17 junio, 2010 - Posted by | Uncategorized

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