Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº32: Duncan Irish Pub

Nos esperaba este desconocido pub en el barrio del Niño Jesús, distrito de Retiro, en una zona arbolada, tranquila y que invitaba a la relajación y el disfrute materializados en unas pintas de cerveza, un partido del Mundial futbolero y una conversación sosegada. Sito en la calle Arias Montano (humanista y teólogo de la corte de Felipe II), el Duncan Irish Pub recibe al visitante con una entrada digna de una postal irlandesa que cualquier viajero pueda llevar entre los recuerdos traídos desde la dulce  Éire. Bonitas y lustrosas maderas, escalones añejos, carteles publicitarios del ramo, con ese aire de desvencijados y ajados que tanto gusta a los miembros de este club. Una vez dentro, el local nos muestra un espacio bien aprovechado, con una decoración acorde a lo que la entrada promete y una barra especialmente agradable y atractiva, como esas mujeres irlandesas de pelo encendido y mirada certera que te atrapan sin que te des cuenta. Es por ello que decidimos alejarnos de la lascivia de los taburetes y trasladarnos a la zona baja de la taberna, salpicada de barriles de pega, mesas de conglomerado plastificadas y sillas de playa dignas de un domingo cualquiera en Chiclana.

Alguien dijo que añadirle a un Cristo un par de revólveres Colt pendientes de  su paño de pureza es algo que chirría, al menos ligeramente. Pues bien, las sillas chiclaneras, con todos los respetos, no chirriaban, más bien te pegaban patadas en los bajos cuando tus posaderas esperaban encontrarse un banco corrido con olor a bosque húmedo o un asiento en el que mecer a la irlandesa de cabello ardiente que antes imaginamos. Pasando por alto este gran detalle, así como el hecho de que las mesas fueran de pega, patrocinadas por Guinness, pero de cartón piedra, lo demás no desentonaba. Un bonito marco rectangular cuyas entrañas eran un escaparate donde alojar esos aparatejos y objetos con pinta de oxidados que tan bien quedan en un pub de este estilo, daba paso a un espacio reservado para una mesa de billar que, según apuntó alguno de los presentes, tenía la altura adecuada para llevar a la imaginaria amiga isleña a rozar ese cielo azul claro que cubre nuestro amado trozo de tierra verde. Añadamos el tapete del mismo color y algunas bolas de billar sueltas sobre el mismo y tendremos una orgía de placer que al poco fue olvidada por el comienzo del partido que enfrentaba a la Mannshaft con los amantes del Míkel, Ghana.

Una pantalla gigante bastante aceptable nos permitió seguir los pormenores de este encuentro, del cual extrajimos una curiosa conclusión, acertadamente expresada por un bebedor: los negros juegan de blanco y los blancos (salvo uno) juegan de negro. Y a García Lorca lo fusilaron. Dos rondas de pintas rubiales enjugaron el sudor de nuestro gaznate mientras la conversación viraba hacia derroteros menos futbolísticos y más de deontología periodística. Todo muy fluido, muy correcto y con una altura verbal rayana el tobillo de un gnomo, como siempre.

Ahora empiezan los palos de verdad, pues lo que precede estas líneas no son más que néctar y ambrosía del Elíseo comparado con lo que a continuación viene. Un pub, una discoteca, un bar, un restaurante, un prostíbulo, un hotel, una guagua urbana, un avión destino Burkina Faso o un día del orgullo Gay se precian de una cualidad que está fuera de duda: su esencia y su razón de ser se la conceden las personas o, como diría la poetisa, los seres humanos de las personas. Pero nuestro protagonista de hoy no. Él es así de chulo, así de único y especial. No estaba ni el Tato (insigne torero del siglo XIX que no faltaba a ninguna corrida, casi como Torbe), no había nadie, estábamos solos, como Schwarzie en Comando: él, solo contra los cubanos; nosotros, solos contra las pintas. Un insulto a nuestra sociabilidad y a nuestra capacidad innata para hacer amigos. Pero en este caso, la única posibilidad de hacer amistades la puso un tipo extraño, de dudosa vestimenta y peor corte de pelo que se sentó en un reservado 15 minutos, sin cerveza (lo cual ya es sospechoso) y se fue al cabo, sin decir ni “mu”. Lamentable el ambiente del pub. Sin duda pasará en este aspecto a lustrar los bajos fondos de nuestra particular clasificación.

A ello añadamos el hecho de que la amable camarera nos deleitó durante un rato con una selección musical digna de las fiestas de Sanse en su apogeo: Bisbal, gitaneo vario, Héroes del Silencio y cosas por el  estilo. Como dijimos, ver un partido del Mundial escuchando Héroes es como comerte una hamburguesa de pan de centeno y pechuga de pollo: una chufla estratosférica. El insigne Ortigoza tuvo los redaños para acercarse a la mesera y pedirle amablemente que regara nuestros oídos con la melodía de Maldini, Carreño y el mariposón de Sánchez Flores, que revolotea más que una polilla junto a una bombilla de feria. Cumplió nuestros deseos y eso que le agradecemos. Punto a favor.

En fin, pues, nuestra aventura semanal acabó con un regusto amargo, con una sensación de vacío estomacal y con ganas de desaparecer del pub para no volver. Precioso, pero vacío; brillante, pero con mugre bajo las alfombras; acogedor, pero con esquinas hirientes. Al menos nos regalaron un par de camisetas que nos correspondían por derecho propio si nos atenemos a las  normas de una promoción que la señorita tras la barra nos pasó tras una ronda, pero que nos intentó escamotear después de la segunda. “Necesita mejorar” pondría junto a su nombre. Y es que las pintas de rubia las tiró como quien escancia el contenido de un botijo en un retrete, poco más o menos. Vergonzante y bochornoso. No queremos ni pensar cómo tiraría las negras, pero démosle el beneficio de la duda. Eso sí, la rubia te salía por el mismo precio que dos bocatas del Padrao: 5 euritos. Bofetón en la jeta.

Sacamos una conclusión definitiva: las rubias y las morenas de este pub no tienen absolutamente nada que hacer al lado de nuestra imaginaria irlandesa de mirada melosa, boca robusta, pecho firme y cabello llameante.

Anuncios

24 junio, 2010 - Posted by | Uncategorized

2 comentarios »

  1. Notas del 32:

    Irlandidad: 7,5
    Ambiente: 0,75
    Trato: 6,75
    Precio: 4
    Conversación: 7

    Media: 5,2

    Comentario por Penépolis | 24 junio, 2010 | Responder

  2. Del Rosal, su inspiración ha derivado en una crónica tan deliciosa que no he podido reprimir el deseo de leer alguno de sus extractos a mi compañero de zulo provocando sonoras y duraderas carcajadas. Sublime amigo Canario! Sólo por esta crónica habría merecido la pena desplazarse hasta aquel pub que se encontraba en la calle cuyo nombre rinde tributo a la memoria de ese insigne humanista y teólogo de la corte de Felipe II.

    Notas del Pub 32. Duncan Irish Pub.

    Irlandidad: 6,5
    Ambiente: 1,5
    Trato: 6,5
    Precio: 3
    Conversación: 7

    Media: 4,9

    Comentario por AsstoMouth | 24 junio, 2010 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: