Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº44. Finbar’s Irish Pub

Hay pocas cosas en este mundo que puedan hacer de nexo entre la comunidad protestante y la católica en Irlanda. Para empezar, como es obvio, tienen distintas formas de interpretar el cristianismo y sus respectivas iglesias tienen líderes diferentes. Por otro lado, a lo largo de los ochocientos años de “convivencia” en la verde isla esmeralda, las trayectorias de ambas colectividades se han desarrollado paralelamente, sin llegar siquiera a cruzarse lo más mínimo -salvo en las últimas décadas-, por lo que tienen costumbres diferentes, festejan diferentes cosas y hasta beben whiskeys cuyas marcas ya indican, de por sí, el pie del que cojeaba su fundador y, por tanto, del que lo hacen sus actuales dueños.

Sin embargo, hay alguna cosa que sí que une a las dos irlandas, hasta ahora casi antagónicas. Uno de los motivos que tienen ambas comunidades para sentirse una sola, amén del equipo de rugby y la stout, es, paradójicamente, un santo, San Finbar, que es reconocido como tal por las cúpulas jerárquicas de ambas comunidades religiosas. Dicho santo, cuyo nombre es característicamente irlandés y podría significar aquel cuyos cabellos son rubios (o blancos), por la larga y blonda melena que el beato, al parecer, debía lucir, nació hace la friolera de 1500 años en Bandon y fundó un monasterio, de nombre Corcach Mór (marisma), que según los historiadores, fue la raíz de la actual ciudad de Cork, en el sur de la isla.

Y este santo, que tan particularmente concierne a Irlanda y sus habitantes, es el que, además, da nombre a uno de los pubs más conocidos de Madrid. Se trata de un bar sin página web, que no gasta un duro en publicidad y que, sin embargo, es archiconocido tanto entre la comunidad irlandesa -y angloparlante, por extensión- de la capital como entre la nuestra, la de los que, más o menos, somos oriundos de la Villa y Corte. ¿Las razones? A continuación, este que suscribe intentará dar algunas. Nada más se dobla la esquina y te das de bruces con la fachada del pub, una sonrisa de felicidad se escapa al comprobar que no hay único detalle que haya sido dejado a la improvisación: cartel pintado con cuidado, prolijamente, focos que proyectan su luz sobre el nombre del bar, escrito con el tipo de letra caracterísitca de Irlanda, y una vitrina en la que un laúd, un bodhrán y una enorme arpa compiten por destacar en un fondo conformado por una inmensa bandera tricolor de la República de Irlanda.

Una vez en el interior, la distribución del bar puede llamar a engaño. No es ancho, pero es muy largo, por lo que si la gente se arremolina en los primero metros de barra puede dar la sensación de estar lleno, cuando en realidad el fondo se encuentra desierto. Es algo que hay que saber, ya que es en la parte más alejada de la puerta de entrada donde están ubicadas las mesas en las que uno puede asentar sus posaderas, encontrándose, por tanto, lo más cómodo posible para disfrutar de eso que surge de manera natural en todo buen pub: la agradable y divertida conversación. Algo que, por supuesto no faltó en la visita de los miembros del club. Los temas de discusión, como siempre, fueron variados e interesantes, destacando sobremanera el consultorio que parece organizamos en un momento puntual de la noche, dadas las dudas planteadas por más de un miembro del grupo sobre las maneras -mejores, peores o desastrosas- que existen y son más adecuadas para entablar conversación y lo que surja -tal vez debiera dejar de ver tanto 8madrid– con según qué féminas.

Pero volviendo al Finbar’s y dejando de desatender la labor descriptiva, mencionar que a lo largo de todo el pub la decoración es profusa y muy variada. Podemos observar, en diferentes vitrinas, desde discos originales de The Dubliners, cuyas ediciones pueden datar de hace más de 30 años, hasta carteles, posters, bufandas y demás parafernalia del Celtic de Glasgow, club escocés muy querido por los irlandeses pues, no en vano, fue fundado por emigrantes de la isla esmeralda a finales del siglo XIX. También podemos encontrar objetos que parecen sacados de alguna maravillosa máquina del tiempo y que se distribuyen tanto por la barra como por las paredes, columnas y techo del local.

Una vez descritas la forma y decoración del bar, llega el momento de las loas, muy merecidas y por las cuales este pub se ha convertido, a pesar de no estar situado en el centro de la ciudad, en uno de los más visitados de todo Madrid. Éstas, como no pasará desparecibido a nuestro amable y sufrido lector cuando tenga a bien visitarlo, no pueden ir sino a la forma en que los camareros de este bar -habitualmente, John y Marc- tiran la esencia de Irlanda: la Guinness. Respetando los tiempos, inclinando el vaso y  haciendo que la incidencia del líquido sea la correcta, dejándola, además, reposar lo justo, consiguen que las pintas de este bar se hayan convertido en el ejemplo, en mi opinión, de lo que deberían servir todos los bartenders de esta ciudad. En pocos sitios se sirve una cerveza negra con el sabor, textura y consistencia como en este pub. Ahí es nada. El precio es, además, correcto.

Es este, pues, un pub que, en definitiva y como fácilmente habrán ustedes deducido de la crónica, muy recomendable y cuya visita se puede realizar, además, cualquier día de la semana, pues el ambiente y el calor de Irlanda están asegurados. Como diría cualquier autóctono -pero que muy autóctono, oiga- de la verde Irlanda si decidiera visitar este pub: Is breá liom beoir. Sláinte!


*Nota: el siguiente párrafo, que da conclusión al post, es de consumo exclusivamente masculino. Abstenerse, pues, demás categorías de leerlo. Puede dar lugar a una imagen equivocada.

Destacar, por si sirve de aliciente adicional al indeciso, que la presencia femenina en este bar es espectacular. Y no sólo por la cantidad, pues podemos afirmar que un porcentaje muy importante de la clientela del bar lo componen jóvenes doncellas, lo que ya resulta notorio y estimulante, sino que también la calidad de las mismas es asombroso. A la frase interrogativa, pronuniciada de manera completamente espontánea por un miembro cuando ya llevábamos más de una hora sentados en una mesa situada en las inmediaciones de la puerta que conducía al baño, me remito para ilustrar este hecho: ¿es que en este bar todas las tías están buenas?

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25 septiembre, 2010 - Posted by | Irlanda en Madrid | , , , , ,

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