Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº47: Irish Star Pub

Pensaba en números. En el 47 para ser exactos. Este es el pub irlandés 47 que visitamos. Proeza dirían algunos. Estulticia, otros. Disfrute, nosotros.

Pensaba en que dentro de poco hará 47 años que mataron a Kennedy. El tipo aquel que un día dijo que «si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas». Y claro, ¿se les ocurre un lugar más apto para ellas que un pub irlandés? Las cosas cambian, mutan al compás que marca la cerveza deslizándose por el gaznate hasta llegar al núcleo de la fruición, dejando atrás las hablillas. Uno disfruta en un pub porque sea cual sea su situación, el prisma cambiará.

Irish Star Pub desprende ese aire novel imposible de obviar. El compañero Atticus apuntó un dato significativo: hace poco este lugar era un Museo de la Cerveza. Ahora pretende ser un pub irlandés.

Cumple ciertos de los mandamientos esenciales como se ve en varias enormes menciones a Guinness o en la librería típicamente irlandesa repleta de libros que sí se pueden ojear (no como hemos visto en otros sitios), de ediciones de los años 50 que llaman la atención al que se fija. Pero, por lo general, hemos de decir que hay varias deficiencias. La irreemplazable madera autóctona se dispersa entre bloques de piedra y las paredes brillan, pero por la ausencia de parafernalia habitual.

Además, el escenario previsto para monólogos o conciertos (no parece que vayan a ser de música celta) le da un toque que poco a poco se aleja cada vez más de la Emerald Island. De hecho, la música que, por defecto, se puede escuchar en el local deja bastante que desear.

A modo de curiosidad merece la pena apuntar que los barriles no están justo debajo de la barra, sino que los deben de tener en el sótano y mediante un conducto bastante largo y una presión adecuada sirven la cerveza de manera más que potente. Uno ve su cerveza rubia en ebullición durante varios minutos; llamativo por lo extraño. Las negras, aparentemente algo líquidas no despertaron en sus degustadores epítetos grandilocuentes. El precio, el imaginado: 5€ la negra y 3’5€ la rubia.

Allí fuimos todos los indeseables habituales con nuestras cuitas de siempre. Por una vez, el documento gráfico aportado por el Sr. Rodríguez no fue tan excelso como de costumbre, intuyo que por la impericia del improvisado fotógrafo.

Sin más y tras dos simples pintas (noche presidida por una intachable moderación) decidimos salir y regresar. Sin olvidar que cada vez tenemos más cerca nuestra particular Irish Star.

Anuncios

16 octubre, 2010 Posted by | Irlanda en Madrid | , , , , , , | Deja un comentario