Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº50. La Fontana de Oro

“(…) Los grupos avanzan hacia la mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada a un local, que no debe de ser pequeño, pues tiene capacidad para tanta gente. Aquélla es la célebre Fontana de Oro, Café y Fonda, según el cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reunión de la juventud ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiración, ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y oír su aplauso irreflexivo. (…)”.

Como ven, a tenor de las palabras arriba reproducidas, en 140 años, fecha en que fueron publicadas por primera vez, pocas cosas han cambiado. Y no es el pub que nos ocupa esta semana, el último de esta larga y divertidísima serie que comenzara hace un año, una excepción. No pretende este que les escribe igualar al mayestático literato, Pérez Galdós, por supuesto. Sería una cuestión indecente procurarlo y, por tanto, no encontrarán en esta crónica el más mínimo atisbo de intento de copia de estilo -suspirarán de alivio en este momento muchos- ni nada parecido. Simplemente, sirva la descripición del inigualable escritor canario, madrileño de adopción, para introducirnos en el meollo y comprobar, de manera contundente, que el espíritu de aquella fonda, hoy pub irlandés, no ha cambiado lo más mínimo.

La Fontana de Oro es un pub con historia. Es famoso por la novela del ya mentado Galdós, pero en sus taburetes se han relajado las posaderas de un buen número de personajes ilustres de la vida política española. Fundada allá por el año de 1760, tuvo su momento de mayor esplendor durante el Trienio Liberal (1820-1823), período durante el cual este país llamado España pudo disfrutar de nuevo de las libertades perdidas a manos del indigo Fernando VII siete años antes. El personaje que marca esta época fue Rafael del Riego, militar de alto prestigio, que tras deambular por medio país como Capitán General, finalmente llegó a Madrid, donde fue prendido y, posteriormente, ejecutado por fuerzas extranjeras, los Cien Mil Hijos de San Luis, los cuales habían llegado desde Francia en apoyo del absolutista Rey Fernando y como representantes de la Santa Alianza. Antes de tan triste final, a buen seguro que este garante de las libertades degustó comida y bebida en abundancia en el pub que hoy nos ocupa, un magnífico establecimiento, dicho sea de paso.

La actual Fontana de Oro, situado en el mismo emplazamiento en que ha estado siempre, el número tres de la Calle de la Victoria, en el madrileño barrio de las letras (Huertas), no es un pub muy diferente del que podía haber sido aquel de la época de que trata el anterior párrafo. Es obvio y evidente que la decoración habrá cambiado algo, aunque menos que en otros establecimientos de rango parecido y pretensiones similares -no debe usted, estimado lector, dejar de ver los múltiples retratos de personalidades que decoran las paredes-, pero el espíritu acogedor, envolvente y cálido que encierran estas cuatro paredes sigue siendo el mismo de antaño.

Es un pub grande en el que el espacio está ricamente aprovechado. Las mesas ocupan la mayor parte del recinto y están lo suficientemente separadas las unas de las otras como para no agobiarse cuando el local está lleno -lo que ocurre tan a menudo como días tiene el año, claro-. Destacan, por su elegancia, las lámparas y farolas que iluminan el espacio y que realzan aún más ese carácter clásico del que les hablaba. Un carácter, por otra parte, que no está reñido ni por un momento con el dinamismo que todo bar en el centro de Madrid debe poseer y que, en este local, está representado a través de la magnífica atención que los camareros dispensan agradable y servicialmente a sus clientes.

El precio es el estándar. Ni más ni menos, aunque es de justicia recalcar el hecho de que los miembros de Bebedores Magazine disfrutaron de un precio rebajado en su primera consumición gracias a la invitación ofrecida por un tipo (hay quien le diría “flyer”) que nos abordó por la calle y que trató de que entráramos en el local a cambio de dichas reducciones en el precio. Teniendo en cuenta que nosotros íbamos a ir allí de todas, todas, pues… Todo un detalle del señor “flyer”. La calidad con que fueron servidas las Guinness dejaba que desear, la verdad. De las rubias nada que objetar.

Al final, tras dos rondas de cerveza y un sinfín de inigualables conversaciones, al grupo le entraron ganas de cerrar la noche como sólo los grandes acontecimientos se clausuran: en Padrao y comiendo el mejor bocata de bukake que se hace en el mundo. Los seis -en esta ocasión no se rajó nadie- pusimos rumbo hacia San Bernardo y, recorriendo a pie la distancia -destáquese la hazaña-, llegamos para finiquitar de la mejor manera posible lo que, por otra parte, no podía terminar de otra forma: con risas y más risas.

En fin, da pena decirlo, pero el cincuenta llegó y el cincuenta ya se marchó. Un visto y no visto. En menos de 365 días, Bebedores Magazine ha recorrido medio centenar de pubs irlandeses, todos ellos en Madrid, y les puedo asegurar que, a titulo personal, todo ha sido todo una pura diversión, cachondeo. No creo errar si lo hago extensivo al resto de bebedores. Seguro que no.

Decía otro genio de las letras, Edgar Alan Poe, que “todas las obras de arte deben empezar por el final”. No sé qué decir. Quizás sea una premonición de lo que pueda depararnos el futuro. Saquen sus propias conclusiones.

Señoras y señores, en nombre de todos los miembros de Bebedores Magazine, ha sido todo un placer.

8 noviembre, 2010 Posted by | Irlanda en Madrid | , , , , , , , | Deja un comentario