Bebedores Magazine

Cervezas, fútbol, amigos, conversaciones: un pub irlandés

Pub nº20: Dubliners

¿Por qué nos gusta tanto el mundo irlandés?

Walking all the day
Near tall towers where falcons build their nests
Silver winged they fly
They know the call of freedom in their breasts
Saw Black Head against the sky
With twisted rocks that run down to the sea

Living on your western shore
Saw summer sunsets, asked for more
I stood by your Atlantic sea
And sang a song for Ireland

Talking all the day
With true friends who try to make you stay
Telling jokes and news
Singing songs to pass the night away
Watched the Galway salmon run
Like silver dancing, darting in the sun

Living on your western shore
Saw summer sunsets, asked for more
I stood by your Atlantic sea
And sang a song for Ireland

Drinking all the day
In old pubs where fiddlers loved to play
Someone touched the bow
He played a reel, it seemed so grand and gay
Stood on Dingle beach
And cast in wild foam, we found Atlantic bass

Living on your western shore
Saw summer sunsets, asked for more
I stood by your Atlantic sea
And sang a song for Ireland

Dreaming in the night
I saw a land where no man had to fight
Waking in your dawn
I saw you crying in the morning light
Lying where the falcons fly
They twist and turn all in you e’er blue sky

Living on your western shore
Saw summer sunsets, asked for more
I stood by your Atlantic sea
And l sang a song for Ireland

No les voy a traducir el mitiquísimo Song for Ireland, pero creo que sabrán identificar ciertos versos. “Bebiendo todo el día, en viejos pubs donde a los violinistas les gusta tocar (…) hablando todo el día, con verdaderos amigos (…) contar chistes y noticias (…) puestas de sol de verano (…) quedarme en el mar Atlántico…”.

La primera versión que recuerdo de esta maravilla acústica salió de las almas del grupo que formaban The Dubliners. Nombre que tomaron de la novela de Joyce, estos dublineses cantan a su isla verde con pasión y mucha emoción desde hace casi ya 50 años. Casi nada.

Por eso, la elección del Papote fue excelente. Dubliners, ese pub unido a Madrid por la calle Espoz y Mina, a pocos metros de Sol y con un hermano gemelo pegado (O’Connell St.) fue el elegido para un número tan redondo como el 20.

Las primeras impresiones no pueden ser más positivas. Es muy grande, con diferentes ambientes y una irlandidad extraordinaria. Necesidades innegociables bien expuestas: varias pantallas con fútbol (y otros deportes), una gama de cervezas incluida obviamente la Guinness (bastante bien servida, trébol incluido), típicas mesas (de acuerdo con el comentario que leímos sobre el pub: le falta cierta solera) de madera y decoración apropiada.

Siempre me han gustado ese tipo de recovecos en los que si vas con una chica o con tu pareja gayer te puedes medio aislar con tu cerveza y sentirte un poco apartado de la turbamulta. Este pub tenía varios de esos puntos. Nuevamente positivo.

En contra: uno muy evidente. No puede ser que en un pub en el que indefectiblemente va gente joven (preferentemente masculina) te atiendan, por regla general, dos maromos sacados de los barrios bajos de Odesa. Cabeza rapada, camiseta negra. Joder, parece que cada vez que se dirigen a ti en un español infame te van a partir las piernas. Y muy feo el gesto de poner la cuenta en la primera ronda y esperar, con mirada inquisitorial, a que los clientes saquen sus carteras y paguen. Esto es un irlandés, señores. 0 absoluto en este aspecto. En fin, miren la foto. Parece que va a matar al Míkel.

Digamos que la música internacional, el ambiente excepcional que se respira en este garito, tan próximo a la Puerta del Sol ayuda a que uno olvide este tipo de hechos. Simple curiosidad: como en todos los pub, ahí que estaban las típicas cestitas con sus “tapas” correspondientes. En este caso, hemos de advertir que nos pusieron mierda. Basura. Broza. Un sucedáneo de patata frita rancia que otros decían que era plátano frito. Asqueroso. Aún así hicimos caso al refranero castizo: “A caballo regalado…”.

Conversaciones más que agradables y recurrentes, como no podía ser de otra forma, partido de liga en la tele y un par de rondas (además de sandwiches para varios de los cerdos). Y claro está. Don Miguel y su periódico.

Por tanto podríamos y deberíamos loar ciertas facetas de este pub, especialmente ambiente e irlandidad. Pero tiene otros puntos negativos evidentes: trato y modos deficientes sobre todo.

En plena Semana Santa habrá una diáspora importante de los bebedores habituales, pero seguro que allá donde vaya cada uno de los miembros, no descartará la opción de tomarse una buena pinta en el pub irlandés de turno.

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5 abril, 2010 Posted by | Irlanda en Madrid | , , , , , , , , , , | 10 comentarios